¿Calzado muy abierto o cerrado?

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Demasiado abierto es peor. “Un calzado adecuado es aquel que se adapta al pie del usuario, protegiéndolo de riesgos tanto mecánicos como térmicos. En condiciones de temperatura y humedad elevadas, el calzado cerrado puede limitar la aireación del pie y la evaporación del sudor, lo que supone la aparición de rozaduras, hongos y mal olor. Por tanto, si se emplea calzado cerrado, debe ser de materiales transpirables, como la piel y los tejidos naturales. En verano, lo más habitual es emplear calzado abierto, pero ¡cuidado! Un calzado demasiado abierto, tipo chancla, no protege los dedos de los pies de posibles impactos y genera inestabilidad. Las chanclas pueden ser perjudiciales sobre todo para los niños, debido a su elevado nivel de actividad física, y para las personas mayores, propensas a tener problemas de inestabilidad. Su calzado abierto debe proporcionar protección de los dedos y adecuada sujeción en el talón y el empeine, para asegurar la estabilidad y la seguridad de niños y mayores”, asegura Clara Solves investigadora del Instituto de Biomecánica de Valencia.

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