¿Qué es peor dormir con tu mascota o con tu hijo?

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Sin duda, lo peor para un adulto es dormir con una mascota. Según un estudio estadounidense, el 62% de las personas que tienen gato y el 56% de los que tienen perro duermen habitualmente con ellos. Pues según otro estudio reciente del Dr. Ben Sol del Departamento de Salud de California y el Dr. Bruno B. Chomel, esto es casi un deporte de riesgo.

Para empezar, por mucho que los lavemos, los animales están en contacto diario con microorganismos en la boca, sus patas (andan “descalzos”) y su pelo. Sin contar con las pulgas y garrapatas que son un foco activo de enfermedades como la peste bubónica (en 2008 se demostró que la mayoría de los infectados con este enfermedad dormían con su perro).

Además, también está demostrado que el colecho con mascotas conlleva el contagio de una gran cantidad de enfermedades como el mal de Chagas (enfermedad producidad por el parásuto Trynosoma cruzi) y otros parásitos y lombrices intestinales, muy comunes en los animales domésticos, que pueden ser especialmente peligrosos si se instalan en el tracto intestinal de un niño.

Sin embargo, dormir con un niño no tiene, a priori, ningún peligro físico para el padre. Los peligros físicos que conlleva, y es en el caso de bebés, están relacionados con la muerte súbita y la asfixia. De hecho, la Academia Americana de Pediatría desaconseja dormir con bebés y UNICEF asegura que el lugar más seguro para un bebé es una cuna cerca de los padres. No en balde, según un estudio reciente del British Medical Journal, el colecho podría multiplicar por cinco el riesgo de muerte súbita en bebés.

Cuando se trata de niños más mayores, el Dr Estivill asegura que dormir con los padres crea una dependencia excesiva de la madre y que, a la larga, esta práctica es difícil de interrumpir. Sin embargo, los defensores de “hacer cama redonda familiar” aseguran que los niños que duermen con sus padres tienen mejor autoestima y sufren menos problemas de estrés e hiperactividad. El psiquiatra Michael Commons de la Universidad de Harvard asegura: “La proximidad de la madre y el niño regula la respiración del bebé, los patrones de excitación, la frecuencia cardíaca y hasta la temperatura corporal.

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