¿Cigarrillo electrónico o cigarrillo convencional?

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En este caso no se puede afirmar taxativamente cual de los dos es peor. Según Segismundo Solano, coordinador del Área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR): “El consumo de cigarrillos convencionales es la principal causa evitable de muerte prematura y enfermedad en los países occidentales y su abandono favorece un rápido descenso de enfermedades severas tales como el cáncer de pulmón, las enfermedades cardiovasculares y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la clave fundamental para reducir la carga de enfermedades derivadas del consumo de tabaco es estimular y facilitar el abandono del tabaco entre los fumadores activos”.

Sin embargo y aunque se han vendido así, no está tan claro que los cigarrillos electrónicos sean efectivos para dejar de fumar y, las últimas investigaciones demuestran que no son precisamente inocuos para la salud. Y es que estos cigarrillos contienen un liquido con cantidades variables de nicotina, aromatizantes, otros aditivos y estabilizantes tales como el propilen glicol y la glicerina vegetal, cuyos efectos en quien los inhala aún no están del todo claros. Además, el vapor de los cigarrillos electrónicos incluye nitrosaminas, formaldehido, acetaldehído y acroleínas y metales tales como el niquel, el cromo y el plomo. Sustancias consideradas tóxicas e incluso cancerígenas que, aunque parecen estar presentes en cantidades menores que en los cigarrillos convencionales, no hay datos a largo plazo que demuestren que son una “alternativa más saludable”.

Y por si fuera poco parece que “el uso de los e-cigarillos se ha popularizado en un considerable porcentaje de jóvenes y adultos que nunca han fumado cigarrillos convencionales. De ahí que muchos investigadores teman que puedan servir como una puerta de entrada al inicio del consumo de tabaco“, advierte Solano .

Por último, tampoco está claro que su consumo sea seguro para quienes rodean al “vapeador”. De hecho, según los estudios que hay disponibles, el vapor exhalado contiene compuestos potencialmente dañinos, aunque en niveles mucho más bajos que lo observado en el humo de los cigarrillos convencionales. Así que lo más razonable es que se limite su uso, igual que se ha hecho con el cigarrillo convencional, al menos por el momento.

Para Solano: “Actualmente, no tenemos datos sobre el riesgo de cáncer a largo plazo de los fumadores pasivos de cigarros electrónicos. Aunque sí se han analizado los efectos agudos del vapor sobre el aparato respiratorio, que aseguran que irritan la mucosa bronquial, afectando así a la función pulmonar y produciendo un incremento del estrés oxidativo (inflamación) medido por la fracción exhalada del óxido nítrico (FENO). Y también se ha detectado algún caso aislado de Neumonía lipoidea relacionado con el uso del e-cigarrillo”.

Así que ahora, el gran problema, es que las autoridades competentes regulen su uso. Mientras, y hasta que se tengan datos científicos más concluyentes: “Recomendamos a todo fumador/a que quiera hacer un intento serio de abandono del tabaco que acuda a su médico, que sabrá conducir apropiadamente su proceso de abandono, con terapia farmacológica basada en la evidencia científica”, termina Solano.

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